“Durante años pensamos la desinformación como una amenaza que llegaba de afuera. Hoy sabemos que también se produce adentro, y que muchas veces se produce desde el poder”. Con esa advertencia de Fernando Stanich, presidente del Foro de Periodismo Argentino (FOPEA), quedó inaugurado el 21° Congreso Internacional de Periodismo. El encuentro, realizado en Buenos Aires bajo la consigna “Blindar los hechos, el compromiso del periodismo frente a la desinformación”, reunió a referentes de la profesión para dos jornadas de debates y reflexiones sobre el presente y el futuro de la actividad.
Durante el 5 y 6 de noviembre, más de 450 asistentes participaron de 24 actividades encabezadas por más de 60 expositores y moderadores. La agenda abarcó temas clave como la desinformación y las fake news, el impacto de la inteligencia artificial en las redacciones, las amenazas a la libertad de expresión, la violencia digital, la investigación periodística y la sostenibilidad económica de los medios. También se debatieron los dilemas éticos de la profesión, las nuevas narrativas audiovisuales, la producción de contenidos virales y la urgencia de recuperar la confianza de las audiencias. Además, hubo espacios dedicados a la cobertura política y electoral, el periodismo deportivo, la relación entre tecnología y audiencias, la formación profesional y el desarrollo de herramientas para fortalecer la calidad informativa.
La construcción de las fuentes en el periodismo de investigación
El panel inaugural del Congreso estuvo a cargo de Gail Scriven, Germán de los Santos y Daniel Enz (ganador 2026 del premio máximo al periodismo de investigación de FOPEA), con la moderación de Paula Moreno (secretaria de FOPEA). La importancia de construir vínculos de confianza con las fuentes y sostener investigaciones que permitan revelar aquello que el poder busca ocultar atravesó buena parte de la conversación. Enz recuperó su experiencia en la investigación sobre el crecimiento patrimonial del ex gobernador Sergio Urribarri. De los Santos relató cómo construyó vínculos con personas vinculadas al narcotráfico para investigar las redes de corrupción en Rosario. “Trabajamos para contar historias que se quieren ocultar. Desde un portal o una página podemos cambiar las cosas”, afirmó. Scriven puso el foco en la necesidad de encontrar nuevas miradas sobre los acontecimientos y de darles a las investigaciones el tiempo que requieren. Planteó que, frente a la competencia por la atención de las audiencias, el periodismo debe buscar enfoques capaces de sorprender.
El chequeo, el Mundial y libros que salen de la coyuntura
La necesidad de verificación de contenidos ocupó un lugar central. Desde AFP Factual, la unidad de fact-checking de la agencia de noticias, Anella Reta expuso la dimensión del trabajo que requiere combatir la desinformación.
La desinformación, enmarcó, se expande en un contexto marcado por la incertidumbre, la polarización, la intervención de actores malintencionados y el avance de la inteligencia artificial. A estos factores se suman los sesgos de las audiencias y una economía de la atención que favorece la viralidad y los contenidos sensacionalistas, capaces de generar clics e ingresos. Todo esto ocurre mientras los medios de comunicación atraviesan una crisis que debilita su capacidad para competir por la atención del público y sostener el trabajo de calidad.
El periodismo deportivo también tuvo su oportunidad para abordar prácticas y discutir desafíos. Gonzalo Bonadeo y Daniel Arcucci advirtieron sobre el avance de la desinformación, la influencia de las redes sociales y las dificultades para ejercer una mirada crítica frente al fanatismo de las audiencias. Bonadeo cuestionó las especulaciones sobre supuestas irregularidades en la final del Mundial 2026, al señalar que no existen elementos periodísticos que permitan sostenerlas. Marcó diferencias entre el trabajo de los periodistas y el de los influencers, y advirtió sobre la influencia de las redes incluso entre los propios profesionales. “Vi compañeros que miraban Twitter antes de opinar si una jugada fue penal o no”, ejemplificó. Arcucci, por su parte, planteó que desde la conquista de la Copa América de 2021 se volvió cada vez más difícil formular críticas a la Selección argentina sin provocar el rechazo de parte de las audiencias. “En ninguno de mis 11 mundiales fui con la camiseta de la Selección”, afirmó, para reivindicar la distancia necesaria de la pasión deportiva. Cuestionó el desgaste del formato de “panelismo” y consideró que, frente a la circulación permanente de versiones y opiniones, crece la necesidad de contar con profesionales capaces de verificar y contextualizar la información.
Detrás de cada libro de investigación hay una historia que muchas veces tomó un rumbo inesperado. Esa fue una de las experiencias compartidas por los autores finalistas del Premio FOPEA, durante una conversación moderada por Valeria Groisman. Soledad Vallejos, autora de “Los dueños de la libertad”, la obra ganadora, explicó que su trabajo buscó reconstruir las estructuras que hicieron posible el ascenso político de Javier Milei. De los Santos, autor de “Niños sicarios”, contó que su trabajo nació mientras buscaba otra historia en las cárceles. Allí encontró adolescentes que relataban con naturalidad cómo mataban. Enz, por su parte, compartió su experiencia de trabajar simultáneamente en varios proyectos, en una conversación que permitió conocer los distintos caminos que pueden conducir a un libro periodístico. Las historias expuestas dejaron en evidencia que muchas investigaciones comienzan con una pregunta y terminan descubriendo una realidad diferente de la que sus autores habían imaginado.
Qué pasa en la Casa Rosada
Las restricciones al trabajo de la prensa dentro de la Casa Rosada, que fueron reportadas por el Monitoreo de Libertad de Expresión, quedaron expuestas en una conversación entre Jaime Rosemberg (La Nación), Jonathan Heguier (El Destape) y Melisa Molina (Página 12). Reconstruyeron cómo se fueron reduciendo los espacios de circulación y las posibilidades de contacto directo con los funcionarios. Recordaron que antes podían recorrer buena parte de las dependencias, con excepción del área presidencial, mientras que ahora deben permanecer en la sala de prensa. Despachos cerrados, ventanas esmeriladas, cámaras de seguridad y accesos bloqueados cuando el presidente Javier Milei ingresa o sale del edificio forman parte de los cambios que describieron. “No tenemos acceso a nada”, resumió Heguier, quien contó que durante varios meses los periodistas incluso eran acompañados cuando iban al baño.Rosemberg explicó que las restricciones fueron justificadas por razones de seguridad, pero advirtió sobre el clima que se instaló entre los acreditados y las dificultades para ejercer su tarea. Los participantes cuestionaron la resolución impulsada por Manuel Adorni, ex vocero presidencial, que limita la circulación de la prensa y reclamaron mecanismos que garanticen condiciones de trabajo independientemente del gobierno de turno.
La insolencia de Leila Guerriero: la escritura como territorio de libertad
El vicepresidente de FOPEA, Claudio Jacquelin, entrevistó a la escritora Leila Guerriero ante un anfiteatro repleto. La autora de “La Llamada” contó que su interés por una historia nace de la curiosidad por las personas y del deseo de encontrar una mirada diferente sobre aquello que ya fue contado. También advirtió sobre lo que definió como una “corrosión del criterio propio”, alimentada por las redes sociales y la tendencia a permanecer en espacios donde las ideas rara vez son confrontadas. “Nos volvimos personas blandas”, reflexionó, y expresó su preocupación por la formación de ciudadanos con menor capacidad de reacción y pensamiento crítico.
Guerriero, que se caracterizó como insolente, reivindicó la escritura como un “territorio de libertad”, en el que la imaginación encuentra su lugar en la construcción narrativa sin alterar los hechos. Planteó que el desafío de un perfil, uno de los géneros que suele escribir, consiste en encontrar el equilibrio entre las distintas facetas de un personaje, incluso cuando algunas resultan incómodas. Se detuvo en la importancia de los títulos, que, a su criterio, deben funcionar por sí mismos y reflejar el espíritu del texto sin caer en lo obvio. Frente a los ataques al periodismo, dejó una definición que aludió al lema del Congreso: “El texto tiene que estar blindado, para que no entren las balas”.
Bootcamp y buenas historias
Las historias que nacen del trabajo en equipo y de la búsqueda de información de interés público tuvieron su capítulo. En el panel “Nadie es indiferente a una buena historia”, se compartieron las experiencias de los proyectos desarrollados en el marco de FOCO Bootcamp, una iniciativa de FOPEA y la Fundación Transparencia Activa que combina periodismo de investigación, acceso a la información pública y visualización de datos. Con la moderación de Irene Benito, coordinadora de proyectos de FOPEA, referentes de los equipos y mentores contaron cómo trabajaron y qué los movilizó. Los trabajos expuestos abordaron tres problemáticas diferentes: las deficiencias del programa Tribuna Segura; las promesas incumplidas de construcción de seis autovías nacionales y la falta de avances en la restauración de los bosques nativos.
Investigación y nuevas miradas
Los casos que marcaron la agenda periodística de 2026 estuvieron entre los temas que se abordaron. Martín Rodríguez Yebra y Paz Rodríguez Niell, de La Nación, tocaron el caso Adorni; Daniel Santoro, Pablo Blanco y Federico Teijeiro, de Clarín, participaron por las investigaciones vinculadas con la Asociación del Fútbol Argentino (AFA); mientras que Juan Luis González y Giselle Leclercq presentaron el trabajo sobre el empresario Peter Thiel publicado en Perfil. La actividad, moderada por Jéssica Ferradás, de FOPEA, permitió poner el foco en el trabajo detrás de algunos de los casos de mayor repercusión del año.
En paralelo, UNICEF propuso abordar los desafíos de informar sobre salud mental y entornos digitales en la adolescencia, en un taller a cargo del equipo de la agencia.
La transformación tecnológica de los medios fue otro de los ejes. Álvaro Liuzzi, periodista y consultor especializado en innovación digital, encabezó la charla “Diseñar los medios del futuro”, organizada por Redacciones5G de Personal, sobre el impacto de la inteligencia artificial en el funcionamiento de las redacciones.
Por su parte, Lucila Pellettieri, capacitadora de Google News Initiative, dictó un taller sobre el uso de Gemini y NotebookLM como herramientas de apoyo para el trabajo periodístico.
Mientras que Javier Drovetto, de Fundación La Nación, trabajó sobre la necesidad de construir narrativas capaces de desafiar el sentido común y comunicar mejor la información verificada.
La agenda continuó con una reflexión sobre el valor de la verdad en tiempos de transformaciones tecnológicas, a cargo de Tomás Balmaceda y Camila Perochena, con la moderación de Florencia Pérez Gaudio, de FOPEA.
Por otra parte, Sebastián Schimmel, secretario electoral de la Cámara Nacional Electoral, tuvo a su cargo una charla sobre los desafíos que representa la desinformación en 2027 para la Justicia Electoral.
Un valor irremplazable
Un vidrio esmerilado. Esa fue la imagen que eligió Carlos Pagni para describir los límites del trabajo periodístico durante la conversación que mantuvo con Stanich en el cierre del Congreso. Detrás de ese vidrio transcurren los hechos que el periodista intenta reconstruir a partir de testimonios, versiones y consultas a distintas fuentes, con la certeza de que nunca accede a todo lo que sucede. También reflexionó sobre las presiones del poder y la necesidad de preservar una mirada ecuánime, incluso cuando los ataques se vuelven personales. La distancia, planteó, es indispensable para evitar que la confrontación termine condicionando el análisis.
Pagni también puso el foco en una de las contradicciones del periodismo. Habló de una profesión que necesita pensar, pero que trabaja sometida a la urgencia. Advirtió, además, sobre el riesgo de enamorarse de las propias hipótesis y perder de vista aquello que contradice las interpretaciones previas.
La conversación dejó, además, una definición sobre el futuro del oficio. En un escenario en el que los datos circulan masivamente y las redes sociales y la inteligencia artificial modifican las formas de acceder a la información, Pagni reivindicó la capacidad del periodista para interpretar los hechos y explicar el sentido que adquieren dentro de procesos más amplios. Allí ubicó un valor que considera irremplazable. Fue una reflexión que dialogó con buena parte de los debates de las dos jornadas y que permitió volver al punto de partida del Congreso: blindar los hechos exige verificarlos, comprenderlos y encontrar las herramientas para contarlos con rigor.
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